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Estabilidad económica
Liberalización económica
Resultados económicos

Estabilidad Económica

Cuando el ministro José Alfredo Martínez de Hoz asumió su cargo en la cartera de Economía, la inflación tenía un altísimo nivel: 50% mensual en marzo de 1976 (es decir 16.000 anual) y 920 anual (cuando se calculan los 12 meses precedentes) y, además, llevaba décadas de existencia en el país, situación que suele generar hábitos viciosos que, a su vez, provoca más inflación. Además, una economía cerrada, sin competencia, dificulta la estabilidad, porque no existe un freno eficiente para el aumento de precios.

Por otro lado, a partir de su asunción al cargo en abril de 1976, la Argentina registró un superávit del sector externo que se generó a causa del aumento de exportaciones. Dicho superávit tenía dos efectos: por un lado resultaba un beneficio para el país, pero por el otro retrasaba la lucha contra la inflación, porque las divisas ingresadas debían canjearse por pesos y expandían así la base monetaria, sobre todo, porque todavía no había una suficiente apertura a las importaciones que pudiera balancear esta situación.

Contra la creencia común en contrario, la –tan criticada- reducción de las tasas arancelarias a las importaciones seguía un gradualismo excesivamente lento. Asimismo, se registraba un explosivo crecimiento de las exportaciones, sobre todo agropecuarias, lo cual provocaba un ingreso enorme de divisas al país, superior al que el mercado podía absorber.

Es decir que las propias bondades del programa eran las que a la vez dificultaban el freno a la inflación.
En la primera etapa de su gestión, la inflación descendió a 150% anual y se estancó en ese nivel.

Las soluciones posibles eran dos: una restricción absoluta de la expansión monetaria, lo cual podía generar recesión, o una medida que por entonces se consideró novedosa, que consistía en un tipo de cambio fijo con una tabla de devaluaciones programada. De ese modo, el peso del esfuerzo recaería sobre el sector exportador, que estaba pasando un buen momento y podía hacer un mediano sacrificio en beneficio de toda la economía y, en definitiva, de sí mismo. Claro está que ese programa debía cumplir sus objetivos en un plazo breve, ya que de lo contrario, la presión de los sectores que más contribuyen puede aumentar y no se hace sostenible.

Ese programa, que después fue conocido como “la tablita”, respondía también a requerimientos de los sectores industriales, que reclamaban mayor seguridad en la evaluación de las variables económicas, a fin de poder proyectar razonablemente su actividad.
Entonces, está claro que la denominada “tablita”, antes que nada, procuraba ser un instrumento contra la inflación. Se trataba de un programa diseñado por el BCRA, hacia fines de 1978, de pautas cambiarias y tarifarias preanunciadas, a partir del 1º de enero de 1979. Esas pautas conducían a una gradual reducción en el ritmo de ajuste de la paridad cambiaria (es decir, la tasa de devaluación del peso argentino).
El programa estaba destinado a lograr un mayor equilibrio en las cuentas externas, lo cual favorecía la reducción del impulso inflacionario, como se ha dicho. Pero también tenía como objetivo la promoción de la modernización y reequipamiento del aparato productivo del país, a fin de permitir que la industria pudiera contar con una estructura competitiva.
El programa era, pues, pro-industria y no anti-industria.

Sin embargo, se produjo un acontecimiento que dificultó enormemente el éxito del programa: la caída del Sha de Irán, en marzo de 1979, y el advenimiento de la revolución del Ayatollah Komeini en ese país petrolero, situación que provocó un shock de petróleo que triplicó los precios del combustible.

La consecuencia de ese incremento brutal del precio del petróleo fue un aumento generalizado de los precios internacionales, efecto al que no fue ajena la Argentina.

La “tablita cambiaria” quedó así neutralizada por ese fenómeno imprevisible e incontrolable.

Como consecuencia de ello, los sectores más afectados por el programa, reclamaron que se rectificase lo que se llamó el “desfasaje o retraso en la paridad cambiaria”; es decir, pedían con insistencia una devaluación. Sin embargo, el equipo económico tomó la decisión de no convalidar con el tipo de cambio el incremento en el índice de precios. Al contrario, la idea era realizar un serio esfuerzo de reducción de costos, por parte de las unidades productivas, por vía del mecanismo de la competencia de mercado.

La decisión se adoptó, entre otras cosas, porque la paridad cambiaria es el resultado de diversas causas que influyen en su nivel, de las cuales los precios constituyen sólo una de ellas. Una devaluación que hubiera acompañado el aumento de precios sólo hubiera estimulado el reciclaje de la inflación, debido al crecimiento de los costos.

Pero, a la vez, el ministro Martínez de Hoz creía que el Estado debía dar el ejemplo en la reducción de costos, disminuyendo la ineficiencia de su burocracia así como la presión impositiva y tarifaria. En un mensaje al país, el 10 de julio de 1980, el ministro anunció la eliminación de 23 impuestos, la mayor parte de los cuales agravaba la producción. Por otro lado, se generalizó el IVA que, por su propia naturaleza, no recaía sobre las exportaciones.

En cuanto a las tarifas, las compañías de servicios públicos, que en ese momento eran estatales, redujeron los incrementos mensuales que gravaban a los consumos industriales de electricidad y de gas.

Se eliminaron casi todos los gravámenes “extra” existentes, que influían tanto sobre las exportaciones como sobre las importaciones. Por otro lado, se redujo a 0% el arancel para importación de insumos no producidos en el país y bienes de capital, así como también para instrumental médico quirúrgico y de investigación científica.

El equipo económico instó a las empresas a discutir sus precios con sus respectivos proveedores, en lugar de aceptarlos y trasladarlos automáticamente a la etapa siguiente.

A partir de septiembre de 1979, con la estabilización de los precios internacionales, se comenzó a percibir los resultados positivos de una mayor competencia en términos de estabilidad monetaria.

Desde entonces, mes a mes, los índices de precios mayoristas y minoristas de nuestro país comenzaron gradualmente a descender.

En el último trimestre de 1980, si se descuenta el impacto del IVA, que empezaba a aplicarse de manera generalizada, el aumento de precios mayoristas fue del 26% anual y el aumento promedio del índice de precios al consumidor mayoristas declinó al 38,8%.  Durante el mismo período, el ajuste de la paridad cambiaria más el 1,5% de inflación internacional, anualizado, representaba el 37% anual.

Se había llegado, así, a la convergencia entre la evolución del ajuste de la paridad cambiaria y el incremento de precios, sin saltos bruscos ni remedios artificiales.

La tablita terminó el 31 de diciembre de 1980. En adelante, su prolongación se tornó innecesaria y se podía adoptar otra política cambiaria.

De hecho, el Banco Central permitió una “flotación sucia” del tipo de cambio, entre un límite mínimo y un máximo.
El tipo de cambio flotó entre ambos márgenes, sin tocar ninguno de los límites, de manera que no fue necesaria la intervención del Banco Central.

Esto demostraba que, si no se hubiera producido el cambio de gobierno, con el advenimiento del general Viola y el reemplazo íntegro del equipo económico, se hubiese podido normalizar definitivamente el sistema cambiario, sin recurrir a grandes devaluaciones, como la que provocó la nueva gestión, el 29 de marzo de 1981.


Liberalización Económica

El espíritu que impregnó todas las reformas llevadas a cabo durante la gestión del doctor José Alfredo Martínez de Hoz fue la liberalización de la economía.

Precisamente, la libertad económica – un principio que es cíclicamente criticado en la Argentina, dependiendo de las ideas y las tendencias imperantes del momento, fue lo que posibilitó los mejores resultados, en contra de la propaganda posterior realizada por diversos sectores políticos interesados. Ocurre que si la libertad económica fuera mala por sí misma, tantos países no hubieran progresado y se hubieran convertido en naciones desarrolladas adoptando esa política.

El programa del ministro Martínez de Hoz se fundaba, en síntesis, en doce pilares fundamentales:

  • Libertad de precios, tras la eliminación de todo sistema de control de precios o concertaciones oficiales. De ese modo, desapareció el mercado negro y el desabastecimiento, que habían sido característicos de los años anteriores y habían provocado un profundo malestar en el público.
  • Libertad del mercado cambiario, pues se derogó el régimen de control de cambios y, de tal manera, también desapareció el mercado negro o paralelo de divisas. Así, nació un mercado único de cambios, con libre flujo de capitales.
  • Libertad del comercio exterior, con lo cual se abolió el monopolio estatal de la exportación de importantes productos, como granos y carnes.
  • Libertad de las exportaciones, ya que se levantaron las prohibiciones y las cuotas existentes y se derogaron los derechos o impuestos a la exportación.
  • Libertad de importación, que implicaba la eliminación de las prohibiciones, cuotas y licencias existentes. Al mismo tiempo, comenzó a implementarse un programa de reducción gradual de los aranceles de importación.
  • Libertad de las tasas de interés y reforma del sistema financiero, mediante la apertura a la competencia y la eliminación de la excesiva injerencia estatal.
  • Libertad de alquileres urbanos y arrendamientos rurales, una política que subsanó injusticias y derivó en una mayor oferta de inmuebles para alquilar, a la vez que reactivó el mercado de la construcción que, como se sabe, es multiplicador de fuentes de trabajo.
  • Eliminación de las tarifas políticas actualmente bajas para los servicios públicos y de los precios subsidiados para los combustibles, en orden a un sinceramiento de la economía.
  • Supresión de los subsidios y de la sobreprotección que se otorgaban a ciertos sectores privilegiados de la economía y que se pagaban con los impuestos de los contribuyentes.
  • Libertad de concertación de los salarios, por encima de un nivel mínimo fijado por el Estado, en un contexto de eliminación del sistema de aumentos masivos. Se procuraba que la elevación de los salarios se efectuara en un marco de incremento de la producción y de la productividad. Esa política generó un cuadro de plena ocupación y gran movilidad de la mano de obra, una situación que no se repetiría en gobiernos posteriores.
  • Libertad para la inversión extranjera, bajo reglas justas y equitativas, tanto para el inversor como para los intereses nacionales.
  • Libertad para la transferencia de tecnología, con una reglamentación destinada a promoverla, en lugar de obstaculizarla.
  • Todas estas medidas arrojaron resultados extraordinarios, que fueron malogrados en períodos posteriores cuando se abandonaron las políticas de Martínez de Hoz, y así quedó la falsa impresión de que el plan había provocado más daños que beneficios, cuando se trataba exactamente de la situación contraria.

    Pueden verse aquí algunos de los resultados


    Resultados Económicos

    Las medidas de liberalización de la economía adoptadas por el ministro José Alfredo Martínez de Hoz produjeron, en plazos más o menos breves, una serie de resultados extraordinarios, en favor de la gente, y que después, con el abandono abrupto del programa, resultaron desbaratados. Esa discontinuidad, sumada a la propaganda posterior, generó en la conciencia de muchas personas, hasta hoy, la sensación de fracaso del programa, cuando en realidad estaba ocurriendo todo lo contrario y el público disfrutó en aquel momento beneficios que hasta entonces no había conocido. Algunos de esos resultados fueron:

  • PRODUCTO BRUTO INTERNO: Se llegó al nivel anual absoluto más alto del producto bruto interno, entre 1979 y 1980, en moneda constante, así como del producto bruto industrial en 1979; comparadas esas magnitudes con el período 1970-1991, inclusive. Esto contradice palmariamente la propaganda que habla de desindustrialización del país.

  • INVERSIÓN BRUTA FIJA: En 1980, la inversión bruta fija llegó a representar más del 25% del producto bruto interno, medido en pesos constantes, coeficiente que nunca fue superado y representa el más alto de la época moderna de la Argentina. Esa magnitud es incluso elevada si se la compara con los parámetros internacionales. A partir de 1981, cuando Martínez de Hoz ya había dejado el ministerio, ese índice fue descendiendo aceleradamente.

  • INVERSIÓN PRODUCTIVA: Entre 1976 y 1980, hubo un importante aumento de la inversión en equipos durables de producción, que fue de un 38% para el sector público y de un 20% para el sector privado. La adquisición de estos equipos es la muestra más clara del desarrollo industrial y del crecimiento. Una vez más, esto representó niveles no superados y contradice las críticas malintencionadas que hablan de desindustrialización.

  • INVERSIÓN EN CONSTRUCCIÓN: También entre 1976 y 1980, período de gestión del ministro Martínez de Hoz, la inversión en construcciones aumentó significativamente: 59% la construcción pública y 30% la construcción privada, en relación con el quinquenio anterior. Una vez más, se trató de niveles récord.

  • SALARIO REAL: En 1980, y una vez más, contra todo lo que se dice, el salario real llegó a su nivel más alto respecto de los 15 años anteriores, a partir del 1º de septiembre de 1979, en un contexto de plena libertad para la concertación salarial entre las partes. Si en lugar de medir el salario real por categoría, se tomara el promedio ponderado, el resultado es aún más elevado, pues la proporción de personal técnico y calificado creció por encima del total ocupado y sus remuneraciones aumentaron más que el promedio.

  • PLENO EMPLEO: La tasa de desocupación llegó a su nivel más bajo, según el INDEC, que por entonces no había sido alterado y era administrado por los mismos técnicos y métodos, desde 1974. La desocupación, durante el período 1979-1980, en contradicción nuevamente con la propaganda negra al respecto, fue inferior al 2,2%. Lo mismo sucedió con el subempleo. Más aun, en aquella época, existía una aguda escasez de personal, lo que impulsaba las remuneraciones e incentivaba el aprendizaje.

  • EXPORTACIONES AGRÍCOLAS Y AGROINDUSTRIALES: En el sector agropecuario, también se logró un récord de exportaciones de granos (cereales, oleaginosas y forrajeras). Con el funcionamiento de un mercado único de cambios, la reacción fue inmediata. La producción pasó, en relación con el quinquenio anterior, de 23 millones de toneladas a 30 millones de toneladas; y las exportaciones, de 9 millones a 17 millones. Esta extraordinaria mejora no obedeció únicamente a eliminación de derechos de exportación (retenciones) sino que había una importante labor de investigación tecnológica-agropecuaria por medio del INTA y de los grupos CREA. Esta investigación no podía rendir todos sus frutos porque faltaba el incentivo de una buena relación costo-precio, que se consiguió gracias a las medidas adoptadas durante ese período. En el caso de los granos oleaginosos, tras derogarse la prohibición de su exportación, en 1976, el girasol y la soja aumentaron su producción en forma espectacular. La industria aceitera, puesta a confrontar con la competencia, se re-equipó y modernizó, con lo cual casi llegó a triplicar su capacidad de elaboración. De tal modo, la participación de productos y subproductos oleaginosos, en el total de las exportaciones argentinas, pasó a representar, desde menos del 6% en 1975, a un 25% durante la gestión de Martínez de Hoz.

  • PUERTOS: Con los medios de almacenaje y embarque que existían hasta el inicio del período de Martínez de Hoz, se producía un cuello de botella en los puertos, que no podían absorber más de un millón de toneladas mensuales. Gracias al mejoramiento y la coordinación eficiente de esos medios, se llegó a exportar hasta tres millones de toneladas mensuales, por vía de los puertos argentinos.

  • EXPORTACIONES DE CARNES: Las exportaciones de carnes, subproductos y ganado en pie aumentaron un 40% durante el quinquenio 1976-1980, en comparación con el quinquenio anterior, a pesar de que hubo una disminución del stock ganadero que estaba ligada a la situación del mercado internacional y a la competencia por tierras, entre granos y carnes.

  • TIERRAS PRODUCTIVAS: Se incorporaron más de un millón de hectáreas a la superficie productiva agropecuaria, tierras que antes permanecían sin explotar.

  • EXPORTACIONES EN GENERAL: El total de las exportaciones anuales creció un 200% entre 1976 y 1981, que –otra vez- es un porcentaje récord en la historia moderna argentina. La Argentina llegó a ocupar, durante el ministerio de Martínez de Hoz, el tercer lugar en el mundo en cuanto al crecimiento de las exportaciones. Esto refuta las críticas que caracterizan su ministerio como una gestión que favoreció exclusivamente las importaciones .

  • EXPORTACIONES INDUSTRIALES: Todavía podría alguien argumentar hipotéticamente que sólo aumentaron las exportaciones de bienes primarios. Sin embargo, las cifras dicen otra cosa: las exportaciones de manufacturas de origen industrial se duplicaron, a valores constantes, si se compara el quinquenio 1976-1980 con el anterior.

  • IMPORTACIONES DE BIENES DE CAPITAL: También, en 1980, se registró un récord de importaciones de bienes de capital, que son los que sirven para el desarrollo industrial. También esta magnitud se duplicó, a moneda constante, y llegó entonces a 2300 millones de dólares. Esto fue facilitado por la reducción del arancel correspondiente a “cero”.

  • INTERCAMBIO GLOBAL EXTERNO: El intercambio global externo (exportaciones e importaciones) pasó a representar un promedio anual del 26% del PBI, entre 1977 y 1981, frente al 16,5% entre 1971 y 1975.

  • PRODUCTIVIDAD INDUSTRIAL: La productividad industrial se duplicó entre el primer trimestre de 1976 y el primer trimestre de 1981. Este dato quedó demostrado con un estudio de FIEL que calculó la productividad dividiendo el valor total de la producción industrial a moneda constante por el total de obreros industriales, multiplicado por el número medio de horas trabajadas por cada uno.

  • INVERSIÓN INDUSTRIAL: Precisamente, una encuesta que hizo la Unión Industrial Argentina, en agosto de 1983, por medio de FIEL, reveló que la inversión industrial, durante el período 1976-1980, fue un 19% mayor que en 1970-1975. A la vez, la capacidad de producción industrial se incrementó en un 20%, comparada con la que había a comienzos de 1976.

  • PROMOCIÓN INDUSTRIAL: Entre 1976 y 1980, se aprobaron 370 proyectos de promoción industrial en el interior de la Argentina, con inversiones de más de 3.000 millones de dólares, lo cual generó ocupación para 30.000 personas. Esto es mucho, sobre todo si se lo compara con do mil millones de dólares en proyectos de promoción industrial, durante los 17 años precedentes (1959-1975).

  • ADQUISICIÓN DE TECNOLOGÍA INDUSTRIAL: Gracias a las nuevas políticas sobre transferencia de tecnología industrial, se pasó de 116 contratos de transferencia aprobados en 1976, por un monto de apenas 32 millones de dólares, a 500 contratos en 1980, por un monto de 580 millones de dólares.

  • PETRÓLEO CRUDO: Durante la gestión de Martínez de Hoz, se incentivó fuertemente la producción y, sobre todo, la exploración de petróleo. La producción había descendido a 23 millones de m3 en 1975, pero aumentó 24% entre 1976 y 1980, con lo cual sobrepasó los 28 millones de m3. De ese modo, se cubrió el 90% de la demanda interna. Esto fue posible mediante el reemplazo de la actividad monopólica de la empresa estatal YPF por un régimen de mayor libertad y la participación de numerosas empresas, nacionales y extranjeras, que actuaron como contratistas en diversas formas.   Con la sanción de la Ley de Exploración Petrolera de Riesgo, se alcanzaron niveles récord en las líneas sísmicas de exploración y en las posiciones sísmicas registradas, tanto terrestres como marinas. En 1980, el número de pozos perforados fue el más alto desde 1962.

  • GAS NATURAL: Las reservas de gas natural comprobadas se triplicaron bajo el ministerio de Martínez de Hoz, pues pasaron de 200 millones de m3 a 625 millones de m3. De tal forma, la Argentina se convirtió en potencial exportadora de gas. Además, se completó la red de gasoductos que ponen a la Argentina en una situación de autosuficiencia en materia de gas, con capacidad de exportación a Brasil, Uruguay y Chile.

  • ENERGÍA ELÉCTRICA: El esfuerzo y la inversión realizados durante la gestión de Martínez de Hoz, permitieron incorporar una potencia de casi 2800 Kw, de los cuales 2090 eran hidroeléctricos. La energía hidroeléctrica aumentó de representar el 21% de la electricidad producida en 1975, al 42% en 1980. También se realizaron grandes inversiones en materia de energía nuclear, que preveían un crecimiento importante del porcentaje de participación de esa fuente en la generación total.

  • INVERSIONES EXTRANJERAS DIRECTAS: Las inversiones extranjeras directas; es decir, el capital de riesgo, aumentaron sustancialmente; una vez más, en contra de las críticas que sostienen que todo lo que ingresó en la Argentina en la esa época eran inversiones volátiles. Entre 1977 y 1979, se duplicó el monto de las inversiones de capital extranjero de riesgo comprometidas y posteriormente se triplicó entre 1979 y 1980. En 1980, los ingresos de capital llegaron al nivel más elevado, en moneda constante, de todo el período de posguerra. Entre abril de 1976 y marzo de 1981, se aprobaron inversiones extranjeras por un monto total de 3000 millones de dólares (debe considerarse que el dólar sufrió, igual que casi todas las monedas, una devaluación progresiva y esta cifra representaba una magnitud muy alta en ese momento).

  • INVERSIÓN PÚBLICA REAL: Para completar, y en oposición a las opiniones vertidas ligeramente sobre la escasa participación del Estado en aquel período, la inversión pública real, entre 1976 y 1980, alcanzó el nivel más alto registrado históricamente para un quinquenio en la Argentina, desde que se lleva contabilidad nacional, tanto en términos absolutos como en proporción al PBI. Superó los 50.000 millones de dólares. Ella estuvo destinada a recuperar el atraso que existía en la infraestructura económico-social. El gasto se derivó a la construcción de plantas de generación de energía eléctrica (fundamentalmente, hidroeléctrica y nuclear), líneas de transmisión eléctrica, rutas, puentes, transportes ferroviarios, marítimos y aéreos, obras portuarias, construcción y dragado de canales de acceso a puertos, telecomunicaciones, obras sanitarias, reequipamiento de empresas estatales y de empresas de servicios públicos, de hospitales y de otros establecimientos de salud pública y educación.

  • ESTABILIDAD ECONÓMICA: El ministro José Alfredo Martínez de Hoz debió hacer frente, desde el comienzo mismo de su gestión, a una situación heredada de una muy alta inflación del 920% anual, que llegó a bajar al 57% anual, una tasa que hoy puede verse como exasperante pero que en aquel momento resultaba un triunfo, comparada con las experiencias anteriores y aun muchas posteriores. Para el último trimestre de 1980, la convergencia entre el ajuste de la paridad cambiaria y el incremento de precios internos se había logrado. Pueden verse aquí más detalles sobre la estabilidad económica




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    La Deuda Externa
    La Supuesta Desindustrialización
    La Tablita
    Plata Dulce
    Embargo Cerealero
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